Potosí
Luego nos dirigimos a Potosí, una ciudad muy importante para la historia de Bolivia. El viaje en autobús fue poco espectacular, pero había unas vistas montañosas muy bonitas....


Publicado: 16.06.2025











Después de las impresionantes experiencias en Potosí, debemos admitir que la altura no nos hace bien a largo plazo. Y dado que no nos sentimos con ánimo de hacer una excursión de varios días en la que hay que estar principalmente sentado en un auto, estamos eludiendo el imprescindible de Bolivia, el Salar de Uyuni. De todos modos, sentimos que Bolivia es un país al que no podemos hacer justicia en este viaje y que debemos visitar nuevamente algún día, así que esta experiencia queda aplazada a algún momento en el futuro.
En su lugar, nos dirigimos a Cochabamba, que está a 2500 metros, significativamente más bajo. El plan era visitar el Parque Nacional Toro-Toro, donde se supone que además de una increíble flora y fauna se pueden encontrar huellas de dinosaurios. Pero seguíamos tan afectados que continuamente pospusemos el viaje al parque en colectivas y tampoco fuimos tan activos en la ciudad. Cochabamba resultó ser bastante poco espectacular, y incluso la autogestión con tareas como lavar ropa nos exigió. La visita al monasterio local fue lo más destacado de la ciudad, aunque debemos reconocer que ya lo habíamos visto antes en el viaje y de forma mucho más hermosa en Arequipa.
Finalmente, tuvimos que admitir con resignación que nuestros cuerpos anhelaban calor y descanso, y que debíamos reanudar el camino hacia Perú. Pero volveremos, Bolivia.
Así que nos dirigimos de regreso a La Paz, donde queríamos pasar unos días antes del gran salto hacia Lima. El autobús se retrasó enormemente en el camino, debido a trabajos de servicio en el sistema de refrigeración. Finalmente, terminó en El Alto con un accidente, lo que nos obligó a bajar prematuramente del autobús y continuar en taxi hasta nuestro albergue. Allí, desafortunadamente, ya no había nadie, nuestras previas comunicaciones habían sido ignoradas. Afortunadamente, un huésped nos ayudó a entrar al albergue, desde donde finalmente pudimos contactar a la dueña y recibir instrucciones por teléfono sobre cómo llegar a nuestra habitación. Muy tarde y muy exhaustos, nos tiramos en la cama.
