Hoy, el despertador sonó implacablemente temprano a las 7:00 a.m., pero Ursula y yo literalmente saltamos de la cama. Después de todo, nos esperaba una aventura que nos llevaría fuera de la bulliciosa ciudad y directamente al corazón del delta del Mekong. A las 7:45, el autobús turístico llegó puntualmente al hotel, y tras dos paradas más, nuestro pequeño grupo de viaje estaba completo. ¿El destino? Un día lleno de naturaleza, cultura y agua.
Después de aproximadamente dos horas de viaje, nos detuvimos en el impresionante templo Vĩnh-Tràng, una fascinante mezcla de arquitectura vietnamita, china y francesa. Las imponentes estatuas de Buda, los artísticos bonsáis y la atmósfera pacífica hicieron que incluso Ursula se detuviera un momento: un hermoso comienzo del día.
Tras otros diez minutos en autobús, llegamos al puerto y cambiamos a un bote. Fue una sensación elevadora deslizarse por el inmenso Mekong, este río que fluye a través de seis países antes de formar el delta en Vietnam y desembocar en el mar de China Meridional. Ursula dio volteretas de alegría cuando nuestra guía turística anunció la
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