La mañana tiene oro en la boca, pero no con nosotros. Con el objetivo de salir de casa a las 9:30, nos despertamos justo a tiempo. Y oh sorpresa, no conseguimos salir puntuales. Mientras Vera casi se ahogaba en el cuarto de los caballos por el mal olor, Anna lavó nuestros platos a toda velocidad. Aunque calculamos suficiente tiempo, tuvimos que correr hacia el tren, ya que algunos españoles (seis) tuvieron problemas con el precio de los billetes. Sin test de coronavirus ni formulario, cruzamos la frontera hacia Italia. Casi cuatro horas en tren hacia Milán. Esta vez teníamos tres horas de espera y así pudimos teletransportarnos en metro hasta la catedral. Como turistas de un libro de fotos, nos hicimos un selfie con la catedral, junto con nuestra gran mochila. Es una de las raras fotos de esta semana donde ambos estamos visibles. Así cumplimos totalmente con nuestros requisitos turísticos. Esta vez sin complicaciones, tomamos el tren correcto y cruzamos la frontera hacia Suiza.
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