

Publicado: 27.03.2017
Se debe permitir a las cosas
su propio, silencioso,
ininterrumpido desarrollo,
que proviene de lo profundo,
y no puede ser apremiado
o acelerado por nada;
todo es un llevar a término -
y luego dar a luz…
Madurar como el árbol,
que no impone sus savias
y se mantiene sereno en las tormentas
de la primavera,
sin miedo,
a que detrás no pueda llegar
un verano.
¡Sin embargo, llega!
Pero solo llega a los pacientes,
los que están,
como si la eternidad se extendiera ante ellos,
tan despreocupadamente quieta y amplia …
Hay que tener paciencia,
frente a lo no resuelto en el corazón,
y tratar de amar las preguntas,
como si fueran habitaciones cerradas,
y como libros que están escritos en un idioma muy ajeno.
Se trata de vivir todo.
Cuando se viven las preguntas,
quizás se viva poco a poco,
sin darse cuenta,
un día ajeno hacia la respuesta.