Después de un intenso día en el mar lleno de información, instrucciones y un mar ligeramente agitado (¿o solo era el café?), hoy, 13 de octubre de 2025, finalmente volvimos a tierra – desde Ferrol (España), en el muelle Fernández Ladreda, nos dirigimos a la mítica Santiago de Compostela.
Esta ciudad no es un destino turístico común – es el punto final del legendario Camino de Santiago, sueño de peregrinos, centro espiritual y al mismo tiempo un cofre de tesoros arquitectónicos. Santiago es conocido por:
La imponente Catedral de Santiago de Compostela, donde supuestamente descansan los restos del apóstol Santiago
La Praza do Obradoiro, donde los peregrinos llegan con los pies cansados y el corazón contento
Calles estrechas y laberínticas llenas de historia, que huelen a tapas e incienso
*Y, por supuesto, el símbolo de la concha de Santiago – indicador, souvenir y decoración de platos en uno
Quien se pregunte cómo se peregrina hasta allí: desde Alemania hay varias rutas hacia el objetivo. Las más populares son:
El Camino Francés, que comienza en los Pirineos – casi un clásico entre los caminos de Santiago
El Camino del Norte a lo largo de la costa atlántica – para todos aquellos que aman el mar y las gaviotas
Y para verdaderos campeones de resistencia: el Camino Primitivo, la ruta más antigua pero también la más exigente
Y porque peregrinar da hambre, no puede faltar lo culinario: en Santiago atraen el Pulpo a la Gallega (pulpo tierno con pimientos), Empanadas, la Tarta de Santiago (un sueño de almendras con cruz de azúcar) y, por supuesto, un buen vaso de Albariño – todas cosas que incluso el peregrino más santo deja de lado brevemente su rosario.
En resumen: Santiago de Compostela es una ciudad donde se llega – con los pies cansados, pero el corazón (y el estómago) lleno.