

Publicado: 11.02.2026











El viernes, 6 de febrero de 2026, nuestra visita a Dublín nos llevó a un lugar histórico: la antigua prisión Kilmainham Gaol en Dublín. Muros de piedra gruesa, pasillos fríos y celdas que conocen más historias que muchos libros de historia: aquí la historia irlandesa se hizo palpable. Muchas personalidades destacadas del movimiento de independencia irlandés estuvieron encarceladas aquí, y durante el recorrido se podía sentir cómo el pasado y el presente se encontraban.
Y luego estaba Mark. Nuestro guía. O – el comienzo de mi propia historia de amor carcelaria. Con un sentido retórico, una pronunciación perfecta y una cercanía que hacía que uno se sintiera directamente aludido, nos guiaba a través de los pasillos. Parecía conocer cada celda como otros conocen su sala de estar. Aunque algo bajo y un poco regordete, tenía una postura segura, casi majestuosa, como si él mismo fuera parte de este lugar histórico.
En algún momento, me sorprendí a mí misma escuchando sus explicaciones no solo por puro interés histórico. A posteriori debo admitir: entre la historia irlandesa, la romántica de la prisión y el carisma de Mark, surgió al menos un pequeño enamoramiento.
Así, una visita a la prisión se convirtió en una lección de que la historia cobra vida – a veces tan vívida que uno se detiene a pensar si pasar la vida bajo la supervisión de un guía tan comprometido realmente sería el peor destino... 😉