Historia chilena alemana
Desde ayer estamos en Puyuhuapi. No suena muy alemán al principio. Pero el asentamiento fue fundado en 1935 por 4 alemanes de los Sudetes como "Waldhagen". Querían comenzar una...


Publicado: 25.02.2024




























Nosotros otra vez despues de lo esperado, nuestra Hosteria tiene Internet.
Un breve vistazo hacia atrás a nuestro delicioso desayuno y al hermoso Hotel Alemania en el fiordo, y continuamos por el puente Hopperdietzel (el nombre en Chile es increíble). Salimos de la ciudad y seguimos rumbo al sur. Hoy tenemos por delante una distancia de 348 km hasta Puerto Ibáñez. Al principio no suena mucho, pero a lo largo de la Ruta 7, es decir, la Carretera Austral, son aproximadamente 6,5 horas. En partes la carretera no está pavimentada y los grandes baches nos advierten que tengamos cuidado. No tenemos ganas de un pinchazo en el fin del mundo.
Por cierto, no hemos visto un taller mecánico en todo el trayecto. Seguramente hay uno en la única gran ciudad aquí en el sur de Chile. Coyhaique tiene cerca de 50.000 habitantes. Después de toda la soledad, es un verdadero choque. Pasamos rápidamente. En el primer semáforo ya nos pitaron porque no partimos lo suficientemente rápido... así que agradezco la lentitud, porque ya lo hemos experimentado varias veces que no avanzamos debido a una vaca o un perro en medio de la carretera.
Alrededor del mediodía se nos empezó a antojar un café. En el bonito pueblo de Villa Manihuales había muchos coches delante de una especie de sala de eventos. Nos atrevimos a entrar y fuimos recompensados. Se estaba celebrando el festival de la baya Maqui. A una quiche de bayas se le sumó café, chocolate de Maqui y, como en todas partes, unas personas increíblemente amables. Con manos y pies podemos comunicarnos y la burocracia también existe en Chile. Por el pequeño costo del uso del baño, recibimos un recibo escrito a mano.
Por la noche, nuestra anfitriona nos reservó un lugar en un bonito restaurante. Sandra pudo probar el Calafate Sour. Pisco, jarabe de azúcar y jugo de limón con clara de huevo es el clásico Pisco Sour. Aquí la clara se reemplaza con jugo de baya Calafate. Delicioso, pero a Sandra le gusta más el original.
Para terminar, una cerveza de fin de jornada y buenas noches.